Un toque de humor entre tantos pocos toques





Comienzo esta crónica luego de haber visto, ayer, el aburrido partido de Argentina con Holanda, en el cual el equipo argentino volvió a jugar el fulbito de Pekerman, aquel que si bien es efectivo con los juveniles, no se puede aplicar a la competencia más esperada por el mundo entero. Fue empate, y salvo Tévez y un para mí sorprendente Maxi Rodríguez, poco más. Aún con el dato de que los holandeses parecían un equipo de veteranos, lo cual nunca sé si es mérito del rival o falla propia.
Escribo ahora mismo, que Brasil acaba de empatarle a Japón, y el grito es festejado como si fuera una gloria inolvidable.
El fútbol es una pasión, aunque para muchos es el cielo de la vida.
El circo sigue de pie, cada vez más de pie: los forasteros son condenados o directamente echados, la sangre caliente parece definir un diálogo de ideas y a nadie le importa la belleza del espectáculo. La calidad es otra de las derrotas, lo cual quizá sea lo más lamentable. El concepto de crisis también es eso: somos más; nunca mejores.
Uma amiga de Porto Alegre comparte las visiones de un suceso global, mediante imágenes y vinhetas aparecidas en diarios y revistas. Es un toque de humor, que siempre suelen ser más inteligentes que los toques del fulbito eficiente.

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